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Reseña: Gama Jasmin de Florame

Foto: Miss Bio

Foto: Miss Bio

¡Hola, biotistas!

¿Qué tal os está yendo la rentrée? Ay, soy tan fan de esta época del año, no sé, es como si me crecieran alas, siempre arranco mil proyectos y…¡algunos hasta los llevo a cabo, cosa que no pasa en ningún otro mes del año que no sea septiembre! :p

En relación al espacio en el que nos encontramos, aunque tengo pensados algunos cambios para el blog, la prioridad inmediata es recuperar el retraso y hablaros de todas las maravillas que he probado este verano, como por ejemplo esta nueva gama que ha sacado Florame, que os mostré en redes sociales. Así que no perdamos más tiempo y vayamos al grano.

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Bálsamos labiales II – Melvita vs Dr Hauschka

¡Buenas! ¿Qué tal el puente? ¿Os habéis ido a alguna parte?

Yo sí, y se ha notado un poco en el blog: aunque dejé programada una entrada para el viernes, la del lunes no me dio tiempo a escribirla antes de irme…

Pronto os mostraré las cosas nuevas que me he traído de este viaje al norte de nuestro país y al sur del vecino…

Pero de momento vamos con el segundo duelo de bálsamos, hoy enfrentamos a dos marcas de la vieja Europa: Dr Hauschka y Melvita.

Foto: Miss Bio
Las potencias Bio europeas

En este caso, no estamos hablando de marcas semi-naturales como en el primer duelo, sino que nos vamos directamente a lo mejor del Bio.

Tanto Melvita como Dr Hauschka son marcas súper-reconocidas, ultra-certificadas y über-confiables ;-)

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¿Qué es la cosmética Bio? …(y qué no es)

Cuando escucho decir que lo Bio está “de moda”, la respuesta que me viene a la cabeza es que “Desgraciadamente, sí”.

“Desgraciadamente”, sí, habéis leído bien.

Porque el interés por preservar nuestro planeta, por no causar daño a ningún ser vivo, por mirar lo que comemos y lo que ponemos sobre nuestra piel no puede estar de moda.

Los que consideran que “está de moda” son los que lanzan una línea Bio en medio de un catálogo de productos químicos, los que diseñan un packaging en tonos verdes para captar al “consumidor concienciado”, los que, en definitiva, piensan “Bio” donde en décadas pasadas pensaron “Innovación”, “Revolucionario”, “Quién cuida de mí” o “Porque yo lo valgo”.

En algunos casos tienen tan claro que el negocio es rentable que llegan a crear (o a adquirir) marcas para que encarnen esa faceta, aparentemente desvinculadas del gran grupo al que pertenecen para que nadie sospeche del engaño.

Desde nuestro punto de vista particular, si hemos decidido pasarnos al Bio es por otros motivos, y en ese camino, sembrado de espejismos y cantos de sirena, una de las armas que tenemos frente al discurso del “marketing de lo verde” es la información.

Hoy vamos a empezar con lo básico, ya habrá tiempo de ir profundizando. ¿Qué tipos de cosméticos existen? ¿Cuales son “aceptables”? ¿Y cuales no?

Cosméticos naturales

En este terreno no hay ningún tipo de regulación. Lo único de lo que podemos fiarnos es de la etiqueta. Y no hablo de que en ella ponga “natural”, porque como digo, esta palabra no está regulada, así que nos pueden decir misa. Lo que hay que mirar es la lista de ingredientes INCI, la nomenclatura internacional que desde 1998 debe figurar obligatoriamente en cada producto.

Pero claro, no todos somos biólogos, me diréis (yo tampoco lo soy). Y os diré: “Vale. ¡Pero tenemos internet!”

Para saber qué hay exactamente en un producto podemos recurrir a una herramienta que ha puesto en pie la periodista Rita Stiens, autora del éxito de ventas “La vérité sur les cosmétiques” (“La verdad sobre los cosméticos”). Un motor de búsqueda que referencia todos los ingredientes usados en cosmética y nos revela su origen, su función y su nivel de toxicidad. Si no entendéis el francés no os preocupéis porque ha establecido un código en forma de emoticonos, que ilustran el nivel de toxicidad de cada producto. Podéis hacer vuestra búsqueda en francés aquí, o en inglés, aquí.

Tenéis que saber que el orden en el que figuran los ingredientes en la lista es decreciente, o sea que el ingrediente que figure en primer lugar será el que viene en mayor cantidad y así sucesivamente.

En esto, algunas marcas son más transparentes que otras e indican la proporción de natural que lleva cada producto, y podemos encontrar productos que aunque no estén certificados, tienen una composición muy satisfactoria.

Y es que de ser natural, a ser Bio, hay un paso, éste:

Cosméticos Bio

Estos productos también son naturales pero además, incorporan en su fórmula un determinada cantidad de ingredientes “procedentes de la agricultura ecológica”.

Para obtener una certificación, deben recurrir a organismos privados que analizan sus métodos productivos, su fórmula, etc, y otorgan el sello. Pero cada organismo tiene sus propios criterios. Así, algunos sellos son más exigentes que otros.

El label Cosmebio por ejemplo exige un 95% de ingredientes naturales, de los cuales al menos el 10% debe ser de origen ecológico, mientras que uno de los más exigentes, el también francés Nature et Progrès, exige un 100% de ingredientes ecológicos, y que el 70% de los productos de la marca estén certificados.

El label estadounidense USDA tiene diferentes “niveles”, entre ellos el “100% Organic” que también exige el 100%, el “Organic”, que exige un 95%, y el “Organic Ingredients” que exige un 70% de ingredientes Bio. En cuanto al label alemán BIDH, tiene su propia lista de ingredientes permitidos. Por su parte el organismo italiano ICEA anima a utilizar ingredientes naturales y ecológicos pero sin fijar cuotas mínimas.

Como vemos hay mucha heterogeneidad de criterios. Puede que en un futuro dedique una entrada analizar a fondo cada sello, pero como norma general ya es bastante útil saber que si lleva un sello, estamos evitando “lo peor”: productos de la industria petrolífera, experimentación o ingredientes de origen animal, colorantes sintéticos, OGM, parabenos…

Y por último os quiero hablar de un logo que se está implantando con fuerza, y que remedia a la ausencia de regulación de la que os hablaba más arriba respecto a los productos naturales: el label Natrue. Esta certificación pretende aunar los cosméticos naturales y los ecológicos bajo un mismo sello, pero con tres niveles de certificación: 1 estrella para los productos “Naturales”, 2 estrellas para los “Naturales con porción orgánica”, 3 estrellas para los “Orgánicos”. Este label venía hasta hace poco con las estrellas, pero se está imponiendo un nuevo formato universal, y para saber en qué nivel está el producto en cuestión es necesario entrar a la página web de Natrue.

Cosméticos semi-naturales

Aquí se complica todavía más la cosa. Habrá quién piense que estos no son aceptables, tarjeta roja y punto. Y es cierto que, en muchos casos, lo semi-natural no es más que una forma evolucionada del marketing del que hablábamos antes. Marcas que saben atraer a sus consumidores a base de un discurso pseudo-concienciado.

Aquí ya entra en juego la subjetividad, el criterio personal, si queremos o no queremos dejarnos convencer por tal o cual marca. Personalmente confieso que he caído más de una vez (bueno no tengo que confesar lo habéis visto en el post anterior, sin ir más lejos). Pero para mi defensa diré que cada vez lo hago menos y sobre todo, cada vez lo hago con más criterio. Esto es: no es lo mismo comprar un producto porque huele de maravilla o tiene un packaging increíble, que entrar a la tienda a analizar todas y cada una de las etiquetas y salir con el único producto cuya composición me ha parecido “limpia”… ¡o sin nada! Desde luego, en cuanto veo sulfatos, parabenes, quaterniums y otras perlas de la industria, salgo huyendo, pero ahí ya entra la libertad de criterio de cada uno.

En definitiva, de lo que se trata aquí no es de sacrificar en la hoguera a ninguna marca (de momento ;-)), sino de que sepamos qué estamos comprando. Y a partir de ahí, que cada uno actué según su criterio.

¿Sabéis una cosa? Este post me ha sugerido dos nuevas secciones para el blog:

“Parece Bio Pero No Lo Es” para, precisamente, este tipo de marcas que se suben al carro de la “moda Bio” sin otra conciencia que la de hacer caja.

Y “No Es Bio Pero Mola Bastante”, para hablar de todo lo contrario, marcas que no hacen alarde de sus cualidades pero tienen más de las que cabrían esperar (estoy pensando en algún que otro producto low cost cuya composición me ha dejado muy sorprendida recientemente).

¿Os ha interesado la entrada? ¿Profundizamos en los sellos Bio, o vamos al potingueo y seguimos descubriendo productos?

¿Cual es vuestro nivel de exigencia personal respecto a la etiqueta de un producto?